17 de junio de 2014

La década perdida para los genocidas



Uno de los factores preponderantes a la hora de caracterizar los logros de la gestión de gobierno iniciada en 2003 y que se extiende hasta nuestros días, es indudablemente la política realizada en materia de Derechos Humanos. En el plano particular del juzgamiento hacia los responsables de la última dictadura cívico-militar que asoló nuestro país y su interacción  con la de otros países de la región es, sin dudas un hito histórico, que reconoce pocos y no tan relevantes antecedentes en el contexto internacional, lo que convierte a los juicios por Terrorismo de Estado en una radicalidad, ya no sólo latinoamericana, sino en el del mundo entero.

La historia reciente nos señala avances y retrocesos verificados a partir del advenimiento del período democrático iniciado en 1983. En perspectiva histórica, el hecho significativo de gran valor de en una primera etapa fue el “Juicio a los ex comandantes”, proceso que colocó en el banquillo a algunos de los responsables jerárquicos de la dictadura militar. Las presiones y defecciones políticas que sucedieron a este juzgamiento, que derivaron en el cercenamiento de la extensión de las responsabilidades penales al resto de los implicados en el genocidio acaecido (leyes de “obediencia debida y de punto final”) se profundizaron durante el período neoliberal consolidado en los años ’90 y principios de 2000. 

El período iniciado por el presidente Néstor Kirchner y continuado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner irrumpe en el escenario haciendo tabla rasa con esa parálisis de la Justicia y lleva adelante con energía inusitada la decisión política de llegar a fondo con la búsqueda de la verdad y el castigo de los responsables, ya no sólo militares, sino también civiles, responsables en diversos grados del más grave hecho criminal perpetrado sobre nuestra sociedad.

Podríamos afirmar que el conjunto de la sociedad no es ajeno al reconocimiento de la política desplegada en materia de Memoria, Verdad y Justicia. El alcance de estos juicios nos es revelado también, mediante los datos que consignan el cuadro de situación en materia de procesos jurídicos realizados y en curso. Una de las fuentes más completas a nuestro alcance, es el trabajo realizado por el Centro de Estudios Legales y Sociales (Cels).

Estadísticas[1]
Total de causas activas: 397.
Juicios finalizados: 115.
Personas acusadas por delitos de lesa humanidad: 2450.
Condenados: 495 /Absueltos: 45.
El 41 % de las condenas fue de reclusión perpetua.
Del total de acusados, el 43 % (1065) está en condiciones de libertad mientras que el 39 % (958) se hallan detenidos, prófugos 2,6 % (64) y fallecidos el 15 % (363).

Fuerza a la que pertenecían los acusados:

Ejército: 736
Armada: 326
Fuerza Aérea: 34
Policía Provincial: 606
Policía Federal: 134
Personal Civil: 297
Servicio Penitenciario Federal: 68
Servicio Penitenciario Provincial: 56
Prefectura Naval: 39
Gendarmería: 71
Ejército Uruguay: 8
Policía Uruguay: 3
Armada Uruguay: 1
Sin datos: 71

Civiles acusados por delitos de Lesa Humanidad:
Funcionarios Poder ejecutivo: 21
Funcionarios del poder Judicial: 67
Personal Civil de Inteligencia: 69
Integrantes de la CNU /SIDE: 22
Apropiadores: 40
Abogados / escribanos: 5
Profesionales de la Salud: 30
Empresarios: 15
Sacerdotes: 8
Periodistas: 4


[1] Situación de los Juicios por Terrorismo de Estado, de 2006 a marzo de 2014. Fuente: C.E.L.S. , de acuerdo a datos de prensa y resoluciones judiciales.

12 de junio de 2014

Sonreír


Hay una sola cosa que no pueden hacer bien los neoliberales antipatria, antihombremujer, antipueblo.
Y eso es sonreír, plena y profundamente:
sonreír hasta que los dientes se te atraviesan en la tierra
y se te llene la boca de montaña, de canción, de cuerpo.
Sonreír de tiempo, de cuerpo, de lágrima,
Sonreír porque sabés que existe lo fundamental,
que se refleja en ese Otro.
Sonreír porque toda tu piel lo está haciendo y todo tu adentro se revuelve de motor.
Sonreír porque no siempre deviene de la felicidad, sino a veces de saberse ahí, bello, pleno, contradictorio, movilizado.
Sonreír porque el pueblo es una rostro, y eso tiene historia.
Sonreír sin tanto motivo, eso, eso no lo pueden hacer, no les sale, no saben como, se llenan la boca de dientes ajenos, de risas ajenas, de tristezas ajenas, eso es el capitalismo voraz, eso es el la Patria No es el Otro, eso es.
Por mandato histórico, somos muchos los sonrientes.


27 de mayo de 2014

Fin de ciclo - Sin pueblo no hay revolución



Fin de Ciclo

1814: Lejanos parece ya el eco de los gritos de libertad de aquel 25 de mayo de 1810.
Belgrano al frente del Ejército del Norte es derrotado en Vilcapugio y Ayohuma.
La revolución cae en Chile: los realistas triunfan en Rancagua. Con O'Higgins al frente, los patriotas chilenos cruzan los Andes hacia el exilio.
La asamblea del año 13 se disuelve sin declarar la independencia.
En Waterloo se cierra el sueño burgués de libertad, igualdad y fraternidad.
El rey de España quiere su corona, el imperio quiere sus colonias.
No hay otra lectura posible que el fin de ciclo de la revolución.
Es, dicen, inevitable, inexorable, impostergable.
Lo saben y lo pregonan los monárquicos que le temen al poder del pueblo
Lo saben y lo pregonan los mercaderes que prefieren ser colonia para hacer mejores negocios.
Lo saben y lo pregonan los terratenientes que no quieren patria sino estancia.
Lo saben y lo pregonan los correveidiles y cipayos siempre predispuestos a lamer la bota de cada nuevo amo.
Los que no lo saben son los gauchos montoneros que levantan sus tacuaras junto a Güemes, ni los indios ni los esclavos que suman a los ejércitos patriotas, ni los revolucionarios que en las horas de incertidumbre no pierden la fe ni abandonan la lucha.


Sin pueblo no hay revolución

Ese compañero jovencito no imaginó que aquella fiesta del 25 de mayo terminaría en otro mayo cercano, saliendo de la plaza con el llanto y la bronca ante la traición. 
Esa mamá que veía la plaza rota por la tele, no se imaginó algunos años después rondando esa plaza, buscando a sus hijos.
Ese periodista comprometido que cubría la ronda de pañuelos no se imaginó ver la plaza colmada para vivar a un general genocida liderando una guerra idiota.
Ese granadero apostado en la casa Rosada no se imaginó que aquella plaza volvería a estar colmada de banderas de todos los colores para festejar la democracia que curaba, educaba y daba de comer.
Ese chico que estuvo a upa del viejo en esa fiesta no se imaginaba que años después estaría luchando por la plaza contra la suma de todas las desilusiones hecha represión. 

En esa plaza, ese periodista no se había imaginado que la cana iba cargar así contra las viejas de pañuelos blancos. Pero esa mamá se imaginó apenas el dolor de sus hijos al sentir la carga de la montada.
Eso fue hace mucho tiempo. En otras plazas
En esta plaza de hoy, aquella mamá anciana, ese jovencito que peina canas, ese periodista jubilado, ese señor que ahora lleva a su pibe a upa, esos  que vienen caminando y luchando y cantando esperanzas desde hace 11 años, no hubieran querido imaginarse otra cosa que esta fiesta del pueblo y no dejan de imaginarse las batallas que vendrán para seguir construyendo esta alegría.


19 de mayo de 2014

Un juicio, un relato, un atravesamiento

- ¿Volvió a ver al Francés? - pregunta la fiscalía cuando la testigo termina de relatar su paso por el campo.
- No - responde ella, para corregirse al segundo - no hasta los juicios. Es ese señor sentado en el fondo.

Lo señala y los ojos del mundo se nublan.
- ¿Puede ser filmado para que conste a quién identificó?- solicita el abogado de cargo.
Las luces lo enfocan. El rayo de la historia se clava en la frente del carcelero torturador.

Mi hija, nacida diez años después de la dictadura, percibe como esos libros de texto de la secundaria que hablaban de un pasado, reciente pero igualmente remoto, se materializan en la sala.
Es la hora exacta.
Yo nunca quise marcarle un camino. Ella no está ahí por mí. Está por ella. Por todos; acompañando a Silvia en su increiblemente corajuda persistencia por Justicia.
Escucho una y otra vez el relato de mi siempre niña. Las lágrimas corren lento por mi rostro. Los años caen en sus respectivos casilleros.
 
Levanto la mirada y el cielo es una estampida de intensidades en tránsito.
También la calle.
Lejos de quemarme las manos y aún en plena marcha, hoy sé que puedo, pasar la antorcha sin pena.

Néstor Ventaja

28 de abril de 2014


Y al final, llegó el gran día. Un día con el que soñamos hace más de 1 año, desde el momento en que decidimos encarar este proyecto. Junto a muchos compañeros y compañeras, el jueves 24 de Abril presentamos en el Centro Cultural Caras y Caretas “Vidas Militantes”, el primer documental producido por Argentina Multicolor y la Comisión de Cultura y Comunicación de Nuevo Encuentro. 


El evento comenzó puntualmente a las 18 hs, en donde entramos en calor e intentamos (tal vez en en vano) aplacar un poco los nervios del debut entre charlas, café y facturas, mientras disfrutamos de una muestra fotográfica sobre el documental, una muestra de ilustraciones de los compañeros del espacio Dibujantes Trabajando, y una exposición de revistas culturales, entre ellas Hamartia, La 14, Pico y Pala y la publicación de Nuevo Encuentro Comuna 2. A las 19:30 hs, iniciamos la proyección de la película ante más de 150 personas, entre las que estuvo presente el legislador porteño por Nuevo Encuentro José Campagnoli.


Vidas Militantes recorre la historia de Delia Bisutti, Francisco D'Alessio, Fernando Haber, Fernando Ostuni, Sergio Pra, Rodolfo Rapetti, Paula Roffo y Silvia Saladino.

El documental es una realización colectiva que buscó, a través de acercarse a las historias de militancia de cada uno de estos compañeros, reflexionar sobre nuestro pasado, desde nuestro presente y mirando futuro.  


Finalmente, luego de la proyección, Valeria Barbuto, Directora de Memoria Abierta, nos compartió algunas interesantes reflexiones sobre nuestro trabajo colectivo.

Queremos agradecer a todos los compañeros, compañeras, amigos y amigas que nos apoyaron para que este evento fuera posible. “Vidas Militantes” representa para nosotros un sueño cumplido: poder hacer comunicación audiovisual comunitaria y plasmar en acto el espíritu de una Ley de Medios por la que luchamos y militamos mucho tiempo y que por fin hoy ya es realidad.




7 de abril de 2014

¿Cini-sadismo?


“Ausencia del Estado” es la frase a la que apelan, en estos días, políticos y comunicadores opositores para justificar los linchamientos a manos de hordas descontroladas.  Autoerigidos en voceros del sentir popular, estos manipuladores de la opinión pública exhiben sin pudor su catadura de escorpión, utilizando hechos desgarradores que vive la ciudadanía para calar en el hueso social y destilar mejor el veneno de su campaña punitiva. 

No casualmente son los mismos que pregonan de manera abierta o encubierta, precisamente la ausencia del Estado cuando lo que está en juego son las reglas del mercado. Muestran, así también, su catadura ideológica al concebir al Estado casi excluyentemente en su rol policiaco, porque el disciplinamiento social es la contracara necesaria del orden neoliberal que anhelan restaurar.

Este marcado sesgo ideológico se pone en evidencia cuando la ausencia del Estado es citada para aludir a la falta de presencia policial y mano dura y no para ponderar el rol de un Estado que en la década de los noventa estuvo deliberadamente ausente de amplios sectores de la ciudadanía, mientras desde sus estructuras se aplicaban políticas de ajuste que destruían el empleo, desintegraban el tejido social y arrojaban a la pobreza y el desamparo a millones de seres humanos que fueron condenados por generaciones. Desde hace años, estos voceros y personeros de los intereses dominantes vienen instalando en el centro de la agenda pública un concepto obsceno de inseguridad que divide a la sociedad en buenos y malos, señala a una parte como víctima para estigmatizar a la otra como victimaria, consagra tácitamente el derecho de seguridad a una parte, mientras excluye por contrapartida a la otra, sobre la que se ejerce casi excluyentemente la violencia estatal que descarga sobre los individuos que la componen la mayor parte de su poder punitivo, con el agregado de prácticas policiales ilegales. 

Esa parte de la sociedad no es una construcción teórica sino que encarna en las clases populares, cuyos miembros son, como lo ha mostrado brillante y reiteradamente Horacio Verbitsky -citando estudios sobre criminalidad de la propia Corte Suprema- las principales víctimas de la inseguridad. No se trata aquí de renegar de ese poder punitivo que sólo puede ejercerlo legítimamente el Estado con el andamiaje penal que la sociedad ha podido, bien o mal, darse para sí. Se trata mejor de mirar la realidad en una perspectiva que integre los hechos que dan cuenta de los diferentes roles que ha tenido el Estado a lo largo del tiempo. 

En esta perspectiva, el Estado re victimiza a los individuos cuando, después de despojarlos hasta la desesperación, vuelve a castigarlos aplicándoles su ya mano dura. ¿Cuánta más piden estos instigadores de la violencia sirviéndose del fruto que supieron cultivar con su prédica atemorizante y llena de odio contra un gobierno, cuyo pecado capital es haberse negado a seguir sus mandatos? ¿Cuánto desparpajo más podemos esperar de personajes como Macri o Massa que denuncian la ausencia del Estado desde cargos electivos e institucionales? Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, cinismo es la “desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”. ¿Cuánto más habremos de tolerar la ofensa de individuos con voz y responsabilidades públicas que, apelando a la noción de un Estado ausente, defienden, justifican y legitiman con impunidad, actos aberrantes que además, están penados por la ley? Cuánto mayor es su cinismo cuando lo hacen como parte de una estrategia que busca instaurar nuevamente un orden de cosas en donde el Estado sea reducido a su mínima expresión, con las consecuencias que todos conocemos a partir de la experiencia de los noventa.

Resulta curioso entonces que el de la inseguridad, junto con el de la inflación y una caracterización de “corrupto” que en vano intentan endilgarle al primer gobierno que en 60 años ha sabido ponerle límites a los poderes fácticos aplicando políticas de inclusión y redistribución del ingreso, sean los únicos temas que como caballitos de batalla no dejan de desplegar por mera repetición desde todos los aparatos mediáticos de que disponen. Dado lo impresentable de sus planes de gobierno y a falta de argumentos y objeciones serias y racionales, apelan a los traumas que ellos mismos generaron –y en el caso de la inflación, siguen generando- en las décadas infames que nos infligieron cuando controlaban los resortes del poder político. De ahí el punto más alto de su furia, la afrenta imperdonable que significa para ellos esta última década, en la que pese a los avances, seguimos sufriendo la seguidilla de los males que ellos mismos perpetraron. De esas consecuencias se aprovechan perversamente ahora en un “operativo retorno”. “Cínicos” es un término que no los abarca cabalmente, habría que inventar uno nuevo, acaso el cini-sadismo.

28 de marzo de 2014

Banderas en nuestro corazón

La bandera de “ La Comi” - nuestra Comisión de Comunicación- viene atrás. Atrás de la columna de Nuevo Encuentro, en plena marcha. Por momentos se pierde, plegada, cuando faltan compañeras y compañeros, para ondearla. Parece un sinsentido para el que no conoce. Si se observa con detenimiento, sin embargo, no hay mucha preocupación en los cumpas. Algo raro, que merece explicación.

En general, los colores nos convocan, nos dicen “acá estamos nosotros” en medio de ese mar de nosotros, ese mar picado y contradictorio. En cada esquina, en cada paso, nos vamos encontrando los que vamos siendo, al amparo del abrazo de las sombras flameadoras. ¿Donde estamos, entonces, La Comi?

Para encontrarnos no hace falta más que dejarse llevar por los vientos de la época. Este 24 de marzo se cumple un nuevo aniversario del golpe de Estado. Y en la marcha, estamos La Comi. Estamos los que van y vienen, los que entran y salen, los que se van temprano y los que llegan tarde. Pero estamos los que somos y los que somos volamos como la espuma de la ola que ha venido a desparramar mil consignas en el presente. “Podrán cortar mil flores pero no....”. Hubo una época en que fue angustia. Después se sumaron los reclamos de justicia. Y la memoria.

Y esa marcha de marchas que es baja y pleamar fue pariendo el tiempo en que de la tierra regada con sangre volvieran a aparecer los brotes. Brindamos la anulación de las leyes de impunidad en una plaza semi vacía y absorta. Vimos bajar ese cuadro. Pero eso fueron sólo unas flores de la esa primavera que no pudieron detener. Esa que también tiene días fríos y lluviosos y milicos juzgados y condenados y también la poesía apuntando no sólo sobre los jornaleros del crimen sino sobre los dueños del circo de terror que buscaron vanamente diluirse en otoños de obediencia debida y punto final.

Pero esa primavera tiene otras flores más coloridas y perfumadas. “PROCREAR” y “PROGRESAR” son algunas de las consignas de esta “ARGENTINA CONECTADA”, de esta patria que se llama “todavía falta mucho” pero que sabe que la memoria es no olvidar que ayer nomás la tele era en blanco y negro te secuestraban y te mataban por pensar distinto. Y que ayercito nomás, con Internet y celulares y todo, revolver basura para encontrar comida era deporte nacional y la cana te seguía matando aunque avisaras desde el techo de la dignidad que “aquí solo hay pibes comiendo”.

Ahí estábamos La Comi, en una de esas luchas florecidas en marchas y contramarchas, que se llama “ley de medios”. Porque el presente es de lucha y ya nuestro y la marcha sigue siendo de Memoria, Verdad y Justicia. Y lo que alguna vez eran semillas de biblioteca, como la pluralidad de voces, la democratización de la palabra, se convirtió en un hoy que hay que regar y seguir sembrando.

 Ahí estábamos la Comi, desparramados las nosotras y nosotros en pos de la foto, el video, el registro, construyendo ese pequeño granma audiovisual para disputar la batalla cultural, esa que hoy grita “Democracia o Corporaciones”, esa que hoy necesita que las otras nuestras voces seamos narradas. Desde siempre venimos cantando que "en cada lucha, ellos están...”. Y hoy, nos fundimos en toda la escena para narrar esos momentos, esas esquinas, esos encuentros, eso hoy, que nos dicen que sí, que sí, que están volviendo.